Por Claudia Molinares para Bodas.com
Para algunas personas esta pregunta puede parecer demasiado obvia, y sin embargo el saber responderla correctamente en todas sus implicancias es la llave de un matrimonio basado en decisiones acertadas donde se ha sabido dejar a un lado toda clase de impulsividad e inmadurez, dando lugar a una actitud responsable que marcará el resto de nuestras vidas más allá del día de la boda.
Cuando somos muy jóvenes los consejos que nuestros padres nos dan muchas veces suenan en nuestros oídos como sentencias caprichosas que sólo parecen estar en contra de nuestros deseos. "No te cases tan jóven, tómate tu tiempo", "termina primero la universidad", "asegura primero tu futuro económico", son algunos de los consejos que millones de jóvenes hemos escuchado de boca de nuestros padres aconsejándonos acerca del momento correcto para contraer matrimonio.
Pero nuestro impulso, energía y convicción no nos permiten ver que esos consejos sean para nosotros, quizás sí sean para otros, pero no para nosotros y suponemos que cualquier decisión que tomemos en ese sentido será la correcta. Imaginamos que por ser jóvenes todo lo podremos, y faltándonos la perspectiva de la experiencia de vida, caemos en el error de dar por sentado que todos los obstáculos que se presenten en el futuro podremos atravesarlos. Y sin embargo con el tiempo la realidad nos demostrará que estábamos equivocados y que cuando pensamos "mis padres tenían razón", este reconocimiento ha llegado tarde en nuestras vidas.
Algunos de nosotros somos especialistas en negar consejos paternos, especialmente si nos topamos con ciertas circunstancias en las cuales reaccionamos con pensamientos como por ejemplo: "Mis padres me dicen que no me case tan joven, pero ellos se casaron cuando eran más jóvenes que yo". Este pensamiento es obviamente incorrecto o al menos incompleto, ya que no contiene la base reflexiva sobre la cual el consejo nos fué dado. Nadie mejor que los padres que se han casado muy jóvenes para mostrarnos a través de su experiencia las vicicitudes que han atravesado quienes llegaron al matrimonio de manera prematura. Ellos saben y conocen perfectamente por "experiencia de vida" todos y cada uno de los problemas que una pareja debe enfrentar en los rpimeros años de matrimonio, y con sus consejos sólo desean evitarnos tener que pasar por grandes obstáculos innecesarios, algunos de los cuales son sólo el producto de no haber sabido esperar.
Hoy en día la vida de matrimonio y especialmente la del matrimonio que está listo para tener hijos pronto, implica un desafío que no debería tomarse a la ligera. La responsabilidad de formar una familia no depende sólo de la buena voluntad y de la esperanza de que "todo irá bien". La vida en pareja y la conformación de una familia implican grandes esfuerzos y el paso de obstáculos para los cuales debemos no sólo estar preparados sino que las condiciones dadas deben ser las más óptimas. Y es aquí donde nos detendremos a analizar nuestras mejores ociones en el tiempo, justamente en las condiciones que debemos propiciar antes de decidir si estamos listos para contraer matrimonio.
¿Por qué esperar a terminar la universidad? Casarse antes de terminar la carrera universitaria de seguro hará menos fácil tanto el continuar con los estudios como dedicarnos a nuestra nueva vida en pareja, sencillamente porque seguramente deberemos dividir nuestro tiempo entre el trabajo, el estudio y nuestra nueva vida de hogar propio; y ni hablar si en ese lapso de tiempo llegan niños, lo cual miltiplicará los esfuerzos que deberemos realizar para "dar" a cada aspecto de nuestra vida nuestro tiempo y nuestra dedicación. Cuando nuestros mayores nos aconsejan respecto a "esperar" terminar nuestra carrera universitaria sólo desean ahorrarnos toda una serie de situaciones complicadas que podríamos suprimir si sabemos aplicar nuestra paciencia. Además y como beneficio adicional, ese tiempo de espera servirá para fortalecer nuestros lazos afectivos a través del noviazgo, permitiéndonos llegar al día de la boda con una mayor madurez espiritual e intelectual.
El aspecto material de la vida de un matrimonio es muy importante y si a la hora de contraer matrimonio no tenemos resueltos los aspectos más básicos de nuestra economía futura, las bases de ese matrimonio podrían tambalearse muy fácilmente. El trabajo y la vivienda son los dos aspectos básicos que una pareja debe resolver antes de pensar en la boda, pues de otra manera sería como invertir la escala de prioridades. Una pareja que ha llegado al matrimonio con un trabajo serio, una casa donde vivir y una economía ordenada, estárá en condiciones de progresar y pensar en una familia con niños. Recuerda que el matrimonio no es una "aventura" sino un "proyecto" de vida. Por lo tanto nada que tenga que ver con ese proyecto futuro de nuestras vidas debe dejarse librar al azar. El matrimoio es como una empresa a la cual debes dedicar tiempo y esfuerzo, pero antes de montarla deberás haberle dedicado planificación y asesoramiento. ¿O acaso invertirías todo tu capital en una empresa en la que no estarías seguro que funcionará? El matrimonio es algo muy parecido, sólo que el capital que estás invirtiendo es tu propia vida y felicidad. El asesoramiento para completar la planificación de la empresa del matrimonio sólo puede provenir de quienes tienen una probada experiencia en él; y qué mejor que ese asesoramiento sea el de nuetros propios padres, quienes además de poseer la experiencia sabemos que nos aman y que siempre nos aconsejarán lo mejor.
Algunas personas pueden aducir que este razonamiento no les toca, dado que sus padres están divorciados y que por lo tanto han fracasado en la empresa del matrimonio. Sin embargo no debemos ovidar nunca que siempre se puede aprender tanto de los triunfos como de los fracasos, y en ese caso ellos, nuestros padres, nos orientarán mostrándonos cuales son los caminos de los aciertos y cuales los que podrían perjudicarnos. La experiencia de nuestros mayores es un tesoro que si sabemos arpovechar nos dará la llave que abrirá muchas puertas y no ahorrará grandes dolores de cabeza y desilusiones. Si somos lo suficientemente inteligentes para saber "escuchar" a nuestros asesores y comprendemos que la planificación de nuetra vida matrimoial debe basarse en nuestra plena conciencia, entonces podemos esperar llegar al día de nuestra boda con la tranquilidad de saber que todo nuestro futuro proyecto de vida en matrimonio no es obra de un impulso sino que descansa sobre una decisión de madurez espiritual e intelectual.
Tomado de www.bodas.com